Sufre del cielo en el árbol
la tierra, el ave y sus plumas.
Cuajan cigüeñas sus llantos,
rebajando la belleza de la luna.
Cruces de estiércol liviano
prenden y tuercen los arcos.
Aquellos Viejos del vino
Beben de los astros.
Infartando sus lenguas
en suaves espasmos.
Nunca,
nunca,
nunca,
beberán
lo
que
hay
En el árbol
Santiago G
martes, 6 de marzo de 2007
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