I
La noche estriba su misterio
Sobre los gélidos ojos
De beodos infantes.
La noche bebe,
Sobre cruces y lagrimas.
Seduciendo al alba
Injuriando estrellas.
Terrible jardín del olvido,
Blasfemas gusanos divinos,
Que sonrientes devoran la carne
Ulterior a ellos mismos.
II
Bajo el cantar lucido de los astros
Descansan tenues adormideras:
Susurran del ocaso purpúreo en primavera.
Charcos de salvia
Resecan sus costas
Naufragios de ideas bastardas
Desgarran bebiendo sus gargantas
Los antiguos mancebos.
Fundiéndose con el plomo de sus llantos.
III
Sublime
Un instante,
En que el tiempo:
Opiáceo opérculo del alma.
Es quizás en sueños,
El hijo casto de la eternidad.
Los verídicos desmayaran blancos,
Sus cuerpos en el desierto.
Cristalizando la arena,
Manchando al orbe de espejos.
IV
Los linyeras del amor
Esculpen un tibio ocaso.
Sepultando en baldosas suaves,
La piel roja del vicio.
Más allá de los suburbios
En donde las calles pretenden
Dorados abismos.
Cuencos del barro y sus templos,
Invocan la soledad febril,
Desnuda de pampa y selva
Frente a el Mármol inerte,
Laceran sus ojos y lengua
Con la soberbia eternidad,
Y sus absolutas promesas
Santiago G.
martes, 6 de marzo de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario