Dulce el sueño de la Cruz,
Pero mi lengua no sabe niña.
Solo me espera esa grieta,
Dos besos,
Un beso,
Y el olvido.
Tan dulce es aquél sueño
¡Ho Señor, obséquiame el Veneno suntuoso!
Y en el centro de tu esfera podrás darme:
Dos besos,
Un beso,
Y el olvido.
martes, 27 de marzo de 2007
Poema vago, sin demasiadas pretenciones
Niña de los altos rulos,
Me recuerdas a una antigua madre
Insistiendo en el incesto.
Lo recuerdo… si.
Pretendimos olvidarlo.
Pero es tan raro esto del tiempo,
Entre esos mares y desiertos,
Uno reencarna y recuerda hasta los huesos,
Los vellos y los besos,
Y una vez más pretendo olvidar
Que tú eras mi madre en aquel desierto.
Me recuerdas a una antigua madre
Insistiendo en el incesto.
Lo recuerdo… si.
Pretendimos olvidarlo.
Pero es tan raro esto del tiempo,
Entre esos mares y desiertos,
Uno reencarna y recuerda hasta los huesos,
Los vellos y los besos,
Y una vez más pretendo olvidar
Que tú eras mi madre en aquel desierto.
Instante
Cuado sobre el lomo translúcido
De la quieta gota que prende
Taciturna sobre el muro.
Se repose la dolencia inmensa
Dicha sobre su cuerpo.
Por amor caerán sobre si mismas,
Sin tiempo, sin haber caído.
Puros hechizos del devenir eterno.
martes, 6 de marzo de 2007
Descuido
En un noche de irrisorio descuido
Aquel sapo sombrío,
Devoraba la vida contra el muro.
Y yo,
Simplemente conmovido.
Me fundía con el rojo
De tus zapatos.
Santiago G.
Aquel sapo sombrío,
Devoraba la vida contra el muro.
Y yo,
Simplemente conmovido.
Me fundía con el rojo
De tus zapatos.
Santiago G.
Improvizacion 8
Observo los pálidos muros
Sin féretros ni rizas,
Otros, simplemente caen
Con fundamentos de revistas
Aplaudiendo el llanto
Como al Grandioso.
Observo crepitar
Figuras y hologramas.
Entre sábanas y sábanas,
El tipo teme
De morir ya sin vida.
Sin inventar columpios.
Para festejar abismos,
Sobre reinos y diosas
escondiendo arena en arena,
Olvidando la suerte enre los dedos
Rogando al corazón,
Un silencio.
Santiago G.
Sin féretros ni rizas,
Otros, simplemente caen
Con fundamentos de revistas
Aplaudiendo el llanto
Como al Grandioso.
Observo crepitar
Figuras y hologramas.
Entre sábanas y sábanas,
El tipo teme
De morir ya sin vida.
Sin inventar columpios.
Para festejar abismos,
Sobre reinos y diosas
escondiendo arena en arena,
Olvidando la suerte enre los dedos
Rogando al corazón,
Un silencio.
Santiago G.
Noche
I
La noche estriba su misterio
Sobre los gélidos ojos
De beodos infantes.
La noche bebe,
Sobre cruces y lagrimas.
Seduciendo al alba
Injuriando estrellas.
Terrible jardín del olvido,
Blasfemas gusanos divinos,
Que sonrientes devoran la carne
Ulterior a ellos mismos.
II
Bajo el cantar lucido de los astros
Descansan tenues adormideras:
Susurran del ocaso purpúreo en primavera.
Charcos de salvia
Resecan sus costas
Naufragios de ideas bastardas
Desgarran bebiendo sus gargantas
Los antiguos mancebos.
Fundiéndose con el plomo de sus llantos.
III
Sublime
Un instante,
En que el tiempo:
Opiáceo opérculo del alma.
Es quizás en sueños,
El hijo casto de la eternidad.
Los verídicos desmayaran blancos,
Sus cuerpos en el desierto.
Cristalizando la arena,
Manchando al orbe de espejos.
IV
Los linyeras del amor
Esculpen un tibio ocaso.
Sepultando en baldosas suaves,
La piel roja del vicio.
Más allá de los suburbios
En donde las calles pretenden
Dorados abismos.
Cuencos del barro y sus templos,
Invocan la soledad febril,
Desnuda de pampa y selva
Frente a el Mármol inerte,
Laceran sus ojos y lengua
Con la soberbia eternidad,
Y sus absolutas promesas
Santiago G.
La noche estriba su misterio
Sobre los gélidos ojos
De beodos infantes.
La noche bebe,
Sobre cruces y lagrimas.
Seduciendo al alba
Injuriando estrellas.
Terrible jardín del olvido,
Blasfemas gusanos divinos,
Que sonrientes devoran la carne
Ulterior a ellos mismos.
II
Bajo el cantar lucido de los astros
Descansan tenues adormideras:
Susurran del ocaso purpúreo en primavera.
Charcos de salvia
Resecan sus costas
Naufragios de ideas bastardas
Desgarran bebiendo sus gargantas
Los antiguos mancebos.
Fundiéndose con el plomo de sus llantos.
III
Sublime
Un instante,
En que el tiempo:
Opiáceo opérculo del alma.
Es quizás en sueños,
El hijo casto de la eternidad.
Los verídicos desmayaran blancos,
Sus cuerpos en el desierto.
Cristalizando la arena,
Manchando al orbe de espejos.
IV
Los linyeras del amor
Esculpen un tibio ocaso.
Sepultando en baldosas suaves,
La piel roja del vicio.
Más allá de los suburbios
En donde las calles pretenden
Dorados abismos.
Cuencos del barro y sus templos,
Invocan la soledad febril,
Desnuda de pampa y selva
Frente a el Mármol inerte,
Laceran sus ojos y lengua
Con la soberbia eternidad,
Y sus absolutas promesas
Santiago G.
Poema
Nunca he meditado sobre tales cosas.
Abrazando alguna barra
Recuerdo sonreír.
Y la mirada se me amputa (reflexiono),
El rostro decae:
Flácido, sin pose.
Luego,
Camino hacia el baño,
Rozando los preñados trajes
Como envueltos en semen.
Paso desapercibido bajo polleras histéricas,
Que huelen a cobre.
Luego sin huelga
Mi cuerpo regresa,
Pesado,
Olvidando parte en el baño.
Devoro el vaso mirando,
Turbio tras el cristal de oro.
Cerveza.
Deslizo mis dedos
Entre mis dedos.
Y finjo otra lengua entre mi lengua.
para luego:
Marchar roto como una sombra,
Sin prometerme nada.
Y al segundo antes de hacerlo
Me digo: “seguro que desde esta altura y mi leche… hemipléjico”
Y desisto.
Santiago G.
Abrazando alguna barra
Recuerdo sonreír.
Y la mirada se me amputa (reflexiono),
El rostro decae:
Flácido, sin pose.
Luego,
Camino hacia el baño,
Rozando los preñados trajes
Como envueltos en semen.
Paso desapercibido bajo polleras histéricas,
Que huelen a cobre.
Luego sin huelga
Mi cuerpo regresa,
Pesado,
Olvidando parte en el baño.
Devoro el vaso mirando,
Turbio tras el cristal de oro.
Cerveza.
Deslizo mis dedos
Entre mis dedos.
Y finjo otra lengua entre mi lengua.
para luego:
Marchar roto como una sombra,
Sin prometerme nada.
Y al segundo antes de hacerlo
Me digo: “seguro que desde esta altura y mi leche… hemipléjico”
Y desisto.
Santiago G.
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